Ventisca

Febrero es el amor, nórdica ira del clima,
extrañamente brilla su gesto en periferia.
Se despierta el gran Norte, tierra viva y tan seria,
mostrando tristes dachas, que ni el verano anima.

La calle en miserables cuatro casas rurales,
exhibiendo la anchura y longitud de sal,
toma a su gusto toda la nieve universal
y el brillo de la luna, escarcha en los Urales.

Tormenta, hielo y viento, nunca serán ajenos,
ventisca dedicada en suerte desterrada,
que lleva en sí recuerdos del árbol y morada.
Serán tus territorios por siempre, nada menos.

Musical sigiloso del caudal que ya arroya,
un sibérico pino con su tronco caído,
han trocado su signo en distinto sentido,
cambiando su concepto por bella y clara joya.

¿Acaso no es por eso que en gracia y en misterio,
los cielos y las nubes envidian sus confines?,
con tristeza perpetua dirigiendo festines,
en su voz se les nota el murmullo y dicterio.

Y en la larga nevada que enmascara los cerros,
de repente en un soplo, se interrumpe la unión,
separando las casas de cualquier ilusión.
Cementerio de tristes dachas, largos destierros.

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